Un recorrido por el pasado

Historia

A partir del siglo XVI la mezcla de ingredientes locales de la región con los novedosos productos que introdujeron los españoles dio pie a la creación de deliciosas combinaciones que con el paso de los años se fueron perfeccionando hasta llegar a la cocina jalisciense que hoy disfrutamos y que es reconocida a nivel nacional e internacional.
 
Las Tortas Ahogadas son una de las especialidades culinarias más famosas del estado de Jalisco, únicas por prepararse con “birote” que es un pan salado oriundo de la zona relleno de carne que le da un sabor muy  especial al ser “ahogado” con la inconfundible salsa roja hecha de tomates, chiles y especias.
 
Otra variante de torta característica del estado, es el Lonche que a diferencia de la torta ahogada, se prepara con telera y se acompaña de chiles chipotles o jalapeños en escabeche.
 
No se puede dejar de mencionar el tradicional Pozole Tapatío que es un caldo preparado con granos de maíz  acompañado de carne de puerco o de pollo, que se complementa con lechuga, cebolla, rábanos y un toque de limón.
 
Por su parte, la deliciosa Birria puede comerse en tacos o deshebrada, acompañada del consomé típico que se obtiene al bañar la carne de borrego en una salsa de chiles y especias que después se envuelve en hojas de maguey y se coloca en recipientes de barro que a su vez se colocan en un hoyo en la tierra para cocinarse con piedras calientes.
 
Y qué decir de la exquisita Carne en su Jugo, que consiste en un consomé acompañado de frijoles, pedazos de carne y trocitos de tocino al que se le puede agregar cebolla, cilantro y limón.
 
Para terminar este viaje gastronómico no puede dejar de probar la Jericalla el postre 100% tapatío por excelencia; es una especie de flan a base de leche, huevo, azúcar y canela. Se dice que este dulce típico fue el resultado de un accidente, ya que una monja nacida en Jérica, España que trabajaba en un orfanato de Guadalajara fue quien preparaba este flan con los ingredientes antes mencionados, sin embargo un día dejó su flan más tiempo dentro del horno por lo que se le quemó levemente y se dio cuenta de que su sabor mejoraba de forma importante, en su honor el delicioso postre fue bautizado como Jericalla.